Reflexiones
¿Y si miráramos el Valle de Aburrá
desde el norte?
Autor:
Jorge Alberto Barrera Cuartas
Pero en vez de comenzar con cifras y vías, podríamos comenzar contando
un viaje.
Hay días en que la mejor manera de entender una ciudad no es mirar un
mapa, sino montarse en un carro y recorrerla. Salgamos de Barbosa una
mañana cualquiera rumbo a Medellín. Atrás quedan las montañas, el verde
y ese paisaje del norte del Valle de Aburrá que todavía conserva mucho
de la Antioquia que conocieron nuestros padres y abuelos. Avanzamos unos
kilómetros y aparece una primera pregunta:
¿por qué movilizarse desde el norte hacia Medellín sigue siendo tan
difícil?
La pregunta no es solamente de Jairo León Congote: la sienten
trabajadores que madrugan para llegar a Medellín, empresarios que
transportan mercancías, estudiantes, turistas y familias que diariamente
recorren este corredor. Y entonces vale la pena hacer un ejercicio
sencillo: mirar el Valle de Aburrá de sur a norte,
dos valles dentro del mismo valle.
Quien sale de Medellín hacia el sur encuentra numerosas posibilidades
para desplazarse: corredores como la Autopista Sur, la avenida Guayabal,
Las Vegas, El Poblado y otras conexiones permiten distribuir buena parte
del tránsito. Cuando dirigimos la mirada hacia el norte, las
alternativas se reducen, y allí comienza una conversación que Tropinotas
quiere proponer, no para enfrentar territorios, sino para preguntarnos
algo mucho más importante:
¿cómo conseguimos que el desarrollo metropolitano llegue con mayor
equilibrio a todo el Valle de Aburrá?
Porque hablar del norte es hablar de Bello, Copacabana, Girardota y
Barbosa, pero también de una región con industrias, trabajadores, nuevos
desarrollos urbanos, paisajes, turismo y una posición estratégica para
conectar a Medellín con otras regiones de Antioquia y del país.